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DICCIONARIO SOBRE Cartas del Tarot


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A  (Agua - Águila - Alas - Ángel - Animal - Arco - Athanor - Aura - Aves, pájaros)

Agua: El agua es anterior al sol y a la tierra, que surgió de ella. Los antiguos llamaron aguas superiores a aquel mundo signado por los fenómenos atmosféricos –y al aire como su medio natural– que tiene al firmamento como cúpula; y aguas inferiores a los líquidos que conforman los mares, ríos, lagos y manantiales –y sus equivalentes psicológicos y gnósticos–, presentes en todo el planeta. Las aguas son símbolo de purificación como bien puede verse en las sociedades arcaicas que acudían a ellas en busca de una nueva vida (por ejemplo el bautismo cristiano). El agua, energía pasiva, fecunda constantemente la actividad de las potencias. En la lámina XIIII se entremezclan las aguas y, paradójicamente, en la XVII, los mismos líquidos, recogidos de un cauce, vuelven a integrarse a su corriente. Las aguas son un vehículo necesario para la reproducción de todas las especies; las de la lluvia han sido tomadas constantemente como un factor imprescindible para la generación universal, a tal punto que los dioses de la lluvia ocupan un lugar análogo o aún más importante que las deidades solares en ciertos panteones; la sequía es sinónimo de maldición (ver luna, nube, cangrejo). La copa (ver), el hombre copa, o piedra viva, nace de la actividad del cielo propagada por las lluvias sagradas.

Águila: De entre todas las aves ha sido casi unánimemente destacada el águila, no sólo como portadora de buenos augurios, relacionados con tranquilidad, fuerza, majestad, altura, sino también como parte de los atributos de la realeza, o nobleza, precisamente por las características de su vuelo, su mirada penetrante, su don de caza y lo imperturbable de su existencia. En las láminas III y IIII se observan águilas imperiales vistas de lado izquierdo y derecho. En la XXI, donde los cuatro evangelistas son simbolizados por los signos fijos zodiacales, se observa un águila, imagen antigua de Escorpio.

Alas: Las alas caracterizan a todo aquello que vuela (ver aves, águila). El heraldo alado de la lámina XX anuncia nuestra resurrección. Algunos creen ver en el trono de La Emperatriz (carta III) forma de alas. Cupido, gracias a sus alas, parece flotar en el espacio (lámina VI). El Angel de la Templanza (arcano XIIII), La Esfinge Inmóvil de la carta X, y El Diablo, tienen alas pero no están suspendidos en el aire o aguas superiores. Eso, lejos de indicar que no vuelan, podría señalar el hecho de que lo pueden hacer. Finalmente, en la lámina XXI, El Mundo, podemos observar a un águila en correspondencia con el evangelista Juan, el discípulo amado, heredero del testamento cristiano y autor también del Libro de la Revelación o Apocalipsis en donde aparecen numerosos ángeles o personajes alados. Leamos este libro, especialmente su capítulo XXI (ver entrada siguiente).

Ángel: Visibles en las láminas VI, XIIII, XX y XXI, los ángeles representan estados sutiles del ser y se ocupan de realizar los llamados y anuncios al despertar la conciencia. Para las tradiciones llamadas "del Libro" el Diablo, carta XV, es un ángel caído (ver "alas").

Animal: El animal sintetiza las potencias instintivas y a veces bestiales de los humanos. Los pueblos antiguos han creído siempre en la existencia de un alter ego animal estrechamente relacionado con el hombre. Todos los animales existentes en distintos lugares geográficos y en diferentes tiempos históricos, han sido símbolos importantísimos incluidos en la cosmovisión de los pueblos arcaicos. En el cristianismo también ha sucedido esto, y no sólo deben recordarse los distintos animales que aparecen en los evangelios, relacionados con la vida de Jesús, sino todo el bestiario cristiano y sus asociaciones con Cristo, la Iglesia, los evangelistas y algunos santos.

Arco: La tensión del arco está relacionada matemáticamente con el poder de la flecha (ver). Pitágoras estudió musicalmente estas correspondencias en relación al tamaño de la cuerda. El arco guerrero es un instrumento vibratorio que impulsa a distancia su potencia anónima. En muchos pueblos arcaicos los límites de su territorio estaban dictados por las distancias que recorrían las flechas disparadas por sus jefes hacia las cuatro direcciones del espacio.

Athanor: Uno de los pocos símbolos constructivos presentes en el Tarot es el arcano XVI, llamado La Torre de Destrucción o Casa de Dios. Algunos de los artistas que se ocupan del Tarot y juegan con él ven en esta torre una imagen del athanor alquímico, donde los alquimistas preparan sus cocciones, el cual ha sido a su vez asimilado con el alma o la psique humana. En determinado momento, todo lo que se había logrado comprender de pronto es destruido y el filósofo queda nuevamente en ayunas. Reconstruir piedra por piedra el athanor es volver a integrar un orden en el que los seres humanos estamos comprendidos.

Aura: Luminosidad extracorporal que se produce en muchos casos como fenómeno natural entre aquellos estudiosos de la ciencia hermética, los que por la índole de su trabajo son capaces de ligar con lo metafísico. En la iconografía medieval sabios, santos e iluminados, suelen estar nimbados por una luz transpersonal que, en la vida cotidiana, muchos psíquicos dicen advertir en sus semejantes. En la lámina XX vemos esta aura en el ángel anunciador, y en la XXI debemos advertirla en la simbólica de los animales, aunque no la lleva el toro, equiparado a la tierra.

Aves, pájaros: Son los animales que corresponden al elemento aire; por lo tanto en todas las mitologías actúan como transmisores de mensajes, tal cual el viento anuncia las lluvias. Este simbolismo también alcanza a sus plumas y alas, y así vemos al dios grecorromano Hermes-Mercurio ornado con estos atributos en su casco y pies. El pájaro negro, o cuervo, ha sido a veces considerado como el emblema de la nigredo, estado alquímico de putrefacción que conocen los adeptos. Lámina XVII.

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